Qué es el autismo y criterios para su diagnóstico

El autismo se encuadra dentro del término llamado Trastornos del Espectro Autista (TEA), también conocido como Trastornos Generalizados del Desarrollo.

Bajo este concepto, se agrupan una serie de trastornos que se caracterizan por la existencia de alteraciones graves en varias áreas que son fundamentales en el desarrollo de los niños y niñas: área de la comunicación verbal y no verbal, alteraciones en el desarrollo de la interacción social, de la conducta, etc. Estas alteraciones permanecen a lo largo de toda la vida, presentado características diferentes según el momento del desarrollo, el tipo de síndrome, el grado de afectación y el nivel intelectual de cada sujeto.


Entre los trastornos generalizados del desarrollo, además del autismo, se encuentran:


• El autismo atípico.

• El síndrome de Asperger.

• El síndrome de Rett.

• Trastorno generalizado del desarrollo sin especificar.

• El trastorno por desintegración de la infancia.

• Otros trastornos generalizados del desarrollo.



El término autismo lo empleó Bleuler por primera vez en 1919 para describir el alejamiento del mundo exterior que se observa en los esquizofrénicos adultos.


En 1943 Leo Kanner describió, a partir de la observación de once casos, lo que denominó Autismo Infantil Temprano: un conjunto de rasgos comportamentales que parecían ser característicos de los niños que presentaban trastornos psiquiátricos y que fundamentalmente hacían referencia a tres dimensiones:



• Las relaciones sociales: Kanner destacaba como rasgo fundamental del autismo la incapacidad para relacionarse normalmente con las personas y las situaciones.

• La comunicación y el lenguaje: subrayaba, como segunda característica, la existencia de un amplio conjunto de deficiencias y alteraciones en la comunicación y en el lenguaje, describiendo alteraciones como la ecolalia, la tendencia a comprender de forma muy literal y la propensión a invertir los pronombres personales. Señalaba, igualmente, la ausencia del lenguaje en algunos niños autistas y un uso extraño en los que lo poseían.

• La insistencia en la varianza del ambiente, es decir, la “inflexibilidad”. Esta tercera característica hacía referencia a la insistencia obsesiva en mantener el ambiente sin cambios, en repetir una gama limitada de actividades ritualizadas, de juegos repetitivos y estereotipados, escasamente flexibles y poco imaginativos. En definitiva describía una falta de flexibilidad mental y comportamental.




Estos tres aspectos o dimensiones siguen estando presentes en las definiciones diagnósticas del autismo más utilizadas actualmente: La Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionadas con la Salud de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10) y el Manual Diagnóstico Estadístico de los Problemas Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, 4ª edición (DSM-IV).



Es importante señalar que realizar un diagnóstico clínico preciso del autismo requiere, además de utilizar los fundamentos de estas clasificaciones, una observación rigurosa de las conductas del niño/a y una sutil destreza en la interpretación de las mismas.


La CIE-10 define el autismo infantil como un trastorno generalizado del desarrollo, caracterizado por la presencia de un desarrollo alterado o anormal, que se manifiesta antes de los tres años, y por un tipo característico de comportamiento anormal que afecta a la interacción social, a la comunicación y a la presencia de actividades repetitivas y restrictivas.


 

Según la DSM-IV, de la Asociación Americana de Psiquiatría, el autismo se define como Trastorno Generalizado del Desarrollo. Esto significa pautas alteradas y deficiencias en la interacción social, la comunicación y la gama de actividades e intereses.



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